26 de Noviembre del 2.011, un día magnífico. Las predicciones meteorológicas así lo habían vaticinado, un cielo azul, nada de nubosidad y un sol radiante, son el aval que el día nos ofrece para que la travesía de esta jornada sea satisfactoria.
Una vez más Sierra Nevada es el entorno elegido para desarrollar el trayecto, y una vez más Pablo, Nuria, Tania, Lukas y yo, somos los integrantes del grupo. El Cortijo del Hornillo será nuestro destino, y el Collado del Diablo nuestro punto de partida.
Subimos por la carretera de la Sierra desde Granada, dejamos Pradollano a nuestra derecha tomando dirección hacia la Hoya de la Mora, después del cruce del Puerto de las Sabinas y pasado el Albergue Militar, un kilometro más adelante aproximadamente, tenemos un ensanche a la derecha de la carretera donde podemos dejar los coches, y a la izquierda se abre una pista que tras caminar sobre ella unos cincuenta metros, nos lleva justo al Collado del Diablo.
Después de colgarnos las mochilas y abrigarnos correspondientemente, cruzamos la carretera y comenzamos a caminar por la pista, ascendente en los primeros metros y que al pasar el Collado del Diablo comienza a descender suavemente. Nos encontramos justo en la cota de nieve, 2.450 m. aproximadamente; Los Peñones de San Francisco, que dejamos a nuestra derecha, están nevados, y la pista por la que transitamos tiene algunas manchas de nieve, pero a medida que perdemos altura esta se va ausentando. Tras dos kilómetros desembocamos en el paraje conocido como los Campos de Otero, donde se encuentra el Refugio de San Francisco.
De este refugio, se dice que es el más antiguo de la Sierra. La particular forma de su techo abovedado rojizo, hace que se distinga e identifique desde cualquier punto del que se divise. Fue construido por una sociedad excursionista de Granada llamada “Diez Amigos Limited” en 1920, pioneros del esquí en Sierra Nevada . Se podría decir que fue la antesala de la actual estación de esquí.
En el Collado del Diablo antes de partir.
En la cota de nieve, con los Peñones de San Francisco al fondo.
Albergue de San Francisco.
La Alcazaba desde los Campos de Otero.
En los Campos de Otero tomamos un sendero ancho y bien marcado, para comenzar el descenso hasta el arroyo que baja por el Barranco de San Juan, durante este tramo si miramos hacia arriba podemos ver el Albergue Militar de la Hoya de la Mora y el antiguo observatorio astronómico ya en ruinas del Mojón del Trigo. La parte final tiene mucha pendiente, con una constante caída muy pronunciada a nuestra izquierda, hay que andar con cuidado por esta zona. Un poco más adelante desembocamos justo en el cauce del río San Juan, no baja muy caudaloso y no tenemos ningún problema en atravesarlo, aunque tiene un pequeño puente de madera, no necesitamos utilizarlo.
Albergue Militar Hoya de la Mora.
Bajando al Barranco de San Juan.
Ahora nos tocará remontar un pequeño repecho que nos conduce a la Acequia de Hoyo Puente. El sendero que seguimos transita paralelo a esta, es más, en alguna parte es difícil diferenciar si estás caminado sobre la senda o sobre la propia acequia. Atravesamos toda la media ladera de la Loma de San Juan para llegar hasta el Collado de las Sabinillas, desde aquí tenemos muy cerca el Puntal de Haza Mesa o de La Morra, el cual decidimos no hollar, y seguir el camino hacia el Cortijo del Hornillo.
Unos cuantos cientos de metros después de pasar el collado, la senda comienza a no ser tan clara, hasta que termina prácticamente por desaparecer, pero para entonces ya hemos atravesado las Cazoletas y divisamos el Mulhacén y la Alcazaba. Esto era algo con lo que contábamos, esta ruta la habíamos preparado previamente y sabíamos que una parte del sendero no estaba marcado y lo tenemos que hacer campo a través.
Decidimos parar en un pequeño balcón para disfrutar de las imponentes caras norte que la panorámica nos ofrece. Desde el Cerro de los Machos(3.329 m.) hasta la Atalaya(3.235m.); Juego de Bolos (3.019 m.), Puntal de la Caldera (3.223 m.), Mulhacén (3.382 m.), El Puntal de Siete Lagunas (3.244 m.), El Puntal del Goterón (3.067 m.), Puntal de Vacares (3.136 m.)..., pero en lo que todos coincidimos es, en el que más destaca por su belleza, La Alcazaba (3.371 m.). Su forma piramidal casi perfecta adornado por su Vasar; quinta cumbre más alta de la península y tercera de la cordillera, tras el Mulhacén y el Veleta.
Desde aquí vemos justo debajo el Cortijo de Hornillo. Simplemente nos dejamos caer ladera abajo para llegar a este lugar idílico, mágico, rodeado de un espectacular robledal , uno de los pocos de Sierra Nevada, aunque estéticamente no desprenda su máximo esplendor, ya que en esta época del año no tienen apenas hojas. También son muy comunes en esta zona los majuelos y los agracejos, los cuales aparecen asociados con algunos escaramujos formando espinares que se diseminan por toda la ladera.
Puntal de Vacares, Alcazaba, Mulhacén, Puntal de la Caldera y Juego de Bolos.
Alcazaba y Mulhacén.
El final de la primera parte de nuestro trayecto finaliza aquí, en el Cortijo del Hornillo, que todavía mantiene en alguno de los barracones la techumbre de paja. Algunos de ellos están restaurados y acondicionados con literas, chimeneas y estufas, sirviendo como refugio a trabajadores de conservación del monte, pastores y por supuesto montañeros. Este es el lugar perfecto para hacer la parada de rigor y almorzar, la pequeña era que hay en medio de la cortijada es la elegida para ello, disfrutando de las maravillosas vistas de las caras norte espolvoreadas de nieve y del tintineo tímido del hilo de agua de fuentecilla que hay allí, y que todavía no está helada.
El Cortijo del Hornillo.
Barracón para el ganado.
Interior de los barracones.
Fuente del Hornillo.
A la vuelta se nos presentan varias posibilidades para hacer el camino, la primera como es lógico volver por el mismo sitio por el que habíamos venido, otra posibilidad era bajar hasta el Cortijo de Cabañas Viejas por el sendero que normalmente es utilizado para acceder al Hornillo desde Güejar Sierra, o la tercera y elegida, que fue volver campo a través subiendo algo más de 200 metros de desnivel, entre sabinas y enebros, hasta llegar al paraje conocido como Haza Mesa y allí tomar el sendero que transita paralelo a la acequia del mismo nombre. Por aquí rodeamos el puntal de La Morra. El sendero es más tendido y cómodo, conduciéndonos nuevamente al río San Juan, un poco más abajo de donde nos lo habíamos tropezado antes. Tendremos que subir unos metros hasta volver al puente de madera. Este trozo de la senda en muy bonito y umbrío, el río baja retorciéndose y despeñándose entre las rocas y en los recovecos donde se estanca el cauce, el agua ya está congelada y seguirá así hasta la primavera.
Acequia de Haza Mesa.
Aguas del San Juan.
Río San Juan.
El Agua al congelarse adquiere caprichosas formas.
Estalactitas de hielo.
Durante todo el camino, pero sobre todo a la vuelta, pudimos disfrutar de unas acompañantes de excepción: la cabra montés (Capra pyrenaica); las hembras, que a pesar de estar en celo en esta época del año están siempre vigilantes y atentas; los machos, ahora más pendientes de su harén, distraídos, son vulnerables y fáciles de observar.
Rebaño de hembras.
Macho montés.
Una vez cruzado el barranco de San Juan nos queda una dura subida hasta el Refugio de San Francisco, aunque no es tarde, el sol ya está bajo, y los Peñones de San Francisco impiden que nos de directamente, esto hace que la temperatura baje hasta los 3 grados aproximadamente y que tengamos que ponernos ropa de abrigo para afrontar la parte final del camino.
Finalmente llegamos al punto de partida sobre las cinco de la tarde, la ruta ha sido preciosa, ver el Mulhacén y la Alcazaba desde un mirador natural y un entorno tan maravilloso como el Cortijo del Hornillo bien merece la pena.
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