Domingo 13 de Noviembre. Hemos quedado para hacer nuestra primera incursión de la temporada en la nieve; esta vez el grupo está formado por Tania, Manu, Santi, Aitor y yo, y por supuesto Lukas y Nanuk.
El punto de partida es una vez más la Hoya de la Mora, aquí dejamos los coches y terminamos de equiparnos, gorros, gafas, polainas, guantes, son colocados y ajustados momentos antes del comienzo de la ruta, y buena falta nos hacen ya que en las primera horas, el día amanece con un cielo cubierto, con nubes altas y de color gris plomizo, dando la sensación de que en cualquier momento va a empezar a nevar. También corre un fuerte viento, molesto, que hace que la sensación térmica sea todavía de más frío.
El grupo equipado antes de partir
Detalle del cielo gris plomizo.
Comenzamos a caminar por la antigua carretera que sube hasta el Veleta para, unos minutos más tarde desviarnos por el carril que sale a la derecha hacia Borreguiles; la estación todavía no está abierta y por tanto no tendremos ningún problema al atravesar las pistas, la nieve está pisada por las máquinas, eso facilita el caminar por esta zona.
Desde borreguiles nos dirigimos hacia el Collado de la Laguna, el majestuoso Veleta al frente, con el Zayas perfectamente marcado a lo largo de toda la ladera. Dejamos a nuestra derecha la Loma de Dílar coronada por el Observatorio Astronómico y por el Radiotelescopio del IRAM (Instituto de Radio Astronomía Milimétrica) que tiene más de 30 metros de diámetro.
Borreguiles, con el radiotelescopio al fondo.
El Veleta cicatrizado por el Zayas.
Una vez en el collado podemos ver toda la panorámica que de izquierda a derecha es como sigue, Los Tajos de la Virgen (3.228 m.), el Fraile de Capileira seguido del Elorrieta (3.197 m.) y el Tozal del Cartujo (3.152 m.) con su imponente arista al fondo; después descendemos un poco para encajonarnos en la cabecera del Río Dílar donde el agua que baja y que todavía no está helada se abre paso entre la nieve.
Luego atravesamos los Prados Virgen de la Ermita, pasando por debajo de la Laguna de las Yeguas y los Lagunillos de la Virgen, enfrentándonos al Tozuelo del Fraile y así desembocar en el Lagunillo Misterio. Durante esta parte del trayecto, el terreno se convierte en un rompe piernas, con continuas subidas y bajadas y con la nieve virgen pero no fresca, muy porosa haciendo que en cada paso te hundas más de treinta centímetros y obligándonos a ir en fila de a uno siguiendo la huella marcada por el primero.
Rodeamos los crestones de la arista, y unos metros más adelante, ya avistamos la Laguna del Carnero (2.674 m.) a los pies de la vertiente occidental del Cartujo. La idea primigenia era hollar la cima del Cartujo pero una serie de circunstancias añadidas a no tener muy claro por donde afrontar la subida hacen que decidamos parar a comer y a volver por el mismo itinerario.
Los Tajos de la Virgen.
Elorrieta primero y Cartujo al fondo.
Itinerario seguido.
Bordeando la arista.
Calzándole a Lukas sus manoplas.
En el trayecto de vuelta decidimos parar en el Lagunillo Misterioso (2.648 m.). Se dice que recibe este nombre porque desde las cumbres de Sierra Nevada es muy difícil divisarlo, únicamente se muestra visible desde las veredas que van desde los Tajos de la Virgen hasta el Cartujo. Se encuentra al pie del cascajar de los Torcales del Dílar, de donde brota un caudaloso nacimiento de agua que lo alimenta. De éste también se dice que tiene el honor de ser el de aguas más frías de toda Sierra Nevada.
Algo que habíamos ignorado a la ida y de lo que nos dimos cuenta de vuelta era que estaba totalmente helado, cubierto por una capa de hielo de unos 20 centímetros de espesor y por lo que por supuesto, no nos pudimos resistir a caminar sobre ella.
Foto de grupo sobre el lagunillo.
Caminando sobre las aguas heladas.
Comprobando el grosor de la capa de hielo.
Ya de vuelta en la Hoya de la Mora hacemos balance de la ruta, ha sido dura, 15.3 kilómetros, más de 7 horas de duración y con la nieve no en las mejores condiciones para la travesía.
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