domingo, 20 de noviembre de 2011

Vertiente Occidental de la Arista del Cartujo



Domingo 13 de Noviembre. Hemos quedado para hacer nuestra primera incursión de la temporada en la nieve; esta vez el grupo está formado por Tania, Manu, Santi, Aitor y yo, y por supuesto Lukas y Nanuk.
El punto de partida es una vez más la Hoya de la Mora, aquí dejamos los coches y terminamos de equiparnos, gorros, gafas, polainas, guantes, son colocados y ajustados momentos antes del comienzo de la ruta, y buena falta nos hacen ya que en las primera horas, el día amanece con un cielo cubierto, con nubes altas y de color gris plomizo, dando la sensación de que en cualquier momento va a empezar a nevar. También corre un fuerte viento, molesto, que hace que la sensación térmica sea todavía de más frío.

El grupo equipado antes de partir


Detalle del cielo gris plomizo.

Comenzamos a caminar por la antigua carretera que sube hasta el Veleta para, unos minutos más tarde desviarnos por el carril que sale a la derecha hacia Borreguiles; la estación todavía no está abierta y por tanto no tendremos ningún problema al atravesar las pistas, la nieve está pisada por las máquinas, eso facilita el caminar por esta zona.
Desde borreguiles nos dirigimos hacia el Collado de la Laguna, el majestuoso Veleta al frente, con el Zayas perfectamente marcado a lo largo de toda la ladera. Dejamos a nuestra derecha la Loma de Dílar coronada por el Observatorio Astronómico y por el Radiotelescopio del IRAM (Instituto de Radio Astronomía Milimétrica) que tiene más de 30 metros de diámetro.


Borreguiles, con el radiotelescopio al fondo.


El Veleta cicatrizado por el Zayas.

Una vez en el collado podemos ver toda la panorámica que de izquierda a derecha es como sigue, Los Tajos de la Virgen (3.228 m.), el Fraile de Capileira seguido del Elorrieta (3.197 m.) y el Tozal del Cartujo (3.152 m.) con su imponente arista al fondo; después descendemos un poco para encajonarnos en la cabecera del Río Dílar donde el agua que baja y que todavía no está helada se abre paso entre la nieve.
Luego atravesamos los Prados Virgen de la Ermita, pasando por debajo de la Laguna de las Yeguas y los Lagunillos de la Virgen, enfrentándonos al Tozuelo del Fraile y así desembocar en el Lagunillo Misterio. Durante esta parte del trayecto, el terreno se convierte en un rompe piernas, con continuas subidas y bajadas y con la nieve virgen pero no fresca, muy porosa haciendo que en cada paso te hundas más de treinta centímetros y obligándonos a ir en fila de a uno siguiendo la huella marcada por el primero.
Rodeamos los crestones de la arista, y unos metros más adelante, ya avistamos la Laguna del Carnero (2.674 m.) a los pies de la vertiente occidental del Cartujo. La idea primigenia era hollar la cima del Cartujo pero una serie de circunstancias añadidas a no tener muy claro por donde afrontar la subida hacen que decidamos parar a comer y a volver por el mismo itinerario.
Los Tajos de la Virgen.


Elorrieta primero y Cartujo al fondo.

Itinerario seguido.


Bordeando la arista.


Calzándole a Lukas sus manoplas.

En el trayecto de vuelta decidimos parar en el Lagunillo Misterioso (2.648 m.). Se dice que recibe este nombre porque desde las cumbres de Sierra Nevada es muy difícil divisarlo, únicamente se muestra visible desde las veredas que van desde los Tajos de la Virgen hasta el Cartujo. Se encuentra al pie del cascajar de los Torcales del Dílar, de donde brota un caudaloso nacimiento de agua que lo alimenta. De éste también se dice que tiene el honor de ser el de aguas más frías de toda Sierra Nevada.
Algo que habíamos ignorado a la ida y de lo que nos dimos cuenta de vuelta era que estaba totalmente helado, cubierto por una capa de hielo de unos 20 centímetros de espesor y por lo que por supuesto, no nos pudimos resistir a caminar sobre ella.


Foto de grupo sobre el lagunillo.


Caminando sobre las aguas heladas.


Comprobando el grosor de la capa de hielo.

Ya de vuelta en la Hoya de la Mora hacemos balance de la ruta, ha sido dura, 15.3 kilómetros, más de 7 horas de duración y con la nieve no en las mejores condiciones para la travesía.

sábado, 15 de octubre de 2011

Crónica de la Subida a Siete Lagunas

Hacía tiempo que Siete Lagunas era una ruta que teníamos como objetivo, pues bien, el pasado 17 de Septiembre al fin se cumplió, un largo recorrido de más de ocho horas y 22.5 kilómetros, con un desnivel de casi 1.600 metros por la cara Sur de Sierra Nevada.

Quedamos en Trevelez (1480 m.), llegamos desde Granada Tania, Lukas y yo, en la plaza que hay a la entrada del pueblo nos esperan nuestros compañeros de ruta, Pablo, Nuria y Basilio, este último es la primera vez que hace una salida de estas dimensiones, y se estrenará a lo grande…
Subimos al Barrio Medio donde dejamos los coches (hay aparcamientos públicos) ahí es donde comienza nuestro track. Salimos del pueblo por sus sinuosas y estrechas callejuelas, con sus paredes encaladas adornadas con hermosas gitanillas y coloridos geranios, no antes sin pasar por la “Panadería Federico” para comprar algún dulce como desayuno (todos los bares están cerrados) y dejar encargadas un par de hogazas para recoger a la vuelta. Más adelante, pasamos por el Ayuntamiento y por un precioso lavadero público que se conserva en perfecto estado.

Calles de Trevelez

Lavadero Público

Aprovechando el fresco de las primeras horas del día comenzamos a caminar. Los primeros kilómetros del sendero son empedrados y un poco incómodos, estos trascurren entre moreras, nogales y algunas higueras; muchos cercados de ganado, vacas, caballos, cabras, ovejas…y por supuesto pequeños cortijos de piedra de singular construcción, típica de las Alpujarras.
Tras más de una hora andando, el sendero se vuelve más pendiente, seco y polvoriento, zigzagueando bastante. Por aquí ganamos bastante altura, luego llaneamos un poco pasando por Acequia Gorda custodiada en ambos flancos por juncos, helechos y majuelos. Volvemos a encontrarnos otro repecho para ir rodeando La Cresta de Los Posteros hasta encontrarnos con una Era y un pequeño refugio de ganaderos, desde allí se extiende una pequeña llanura con pastos y pequeños riachuelos que la atraviesan, estamos en el paraje conocido como la Campichuela (2.400 m.). Aquí haremos un alto en camino para reponer fuerzas, beber agua y comer algo.

Acequia Gorda

Refugio de la Campichuela

Continuamos andado y poco después ya se avistan las Chorreras Negras, con el Mulhacén (3.482m.) y la Alcazaba (3.366m.) al fondo, más adelante nos topamos con el río Culo de Perro que baja encajonado en unos grande tajos y un viejo rebosadero; lo cruzamos y retomamos la vereda que nos lleva directamente al pie de las Chorreras, esta es una preciosa cascada por donde baja el agua que rebosa de las lagunas. Afrontamos la subida por la derecha de la chorrera, esta parte es muy dura, con bastante pendiente y mucha piedra suelta, no obstante, resulta el tramo más bonito del trayecto, el sonido del agua despeñándose y la belleza de ésta deslizándose sobre las rocas, harán que tengamos que parar cada diez pasos para intentar inmortalizar el momento con alguna instantánea.

Río Culo de Perro

Chorreras Negras

Justo al superar la chorrera nos encontramos con la primera de las lagunas y la más baja de ellas, Laguna Hondera, para mí la más bonita de todas, además de la que guardo una imagen idílica, de postal, rodeada de sus borreguiles que comienzan a tomar una tonalidad amarillenta, marchita, indicando el final del verano y anunciando la inminente llegada del otoño y con él las primeras nieves. En este paraje mirando hacia el Norte, tienes a la izquierda la Loma del Mulhacén, por la que se accede al pico del mismo nombre por la Cuerda del Resuello, después El Collado y el Puntal de Siete Lagunas, luego La Alcazaba y a su falda La Loma Culo de Perro; y en medio de todos ellos La Cañada de Siete Lagunas. Una vez allí nos damos un paseo para ver algunas de estas lagunas; Laguna Hondera, Laguna del Borreguil, Laguna de la Loma Culo de Perro y Laguna de Tajos Coloraos. Pero el cansancio y el hambre hacen que paremos a dar buena cuenta de las viandas que portamos, para ello, elegimos la Laguna de la Loma Culo de Perro, que está rodeada de un hermoso y cómodo borreguil. Nos quedan pendientes de ver El Lagunillo de Tanto, el Lagunillo de Tajos Coloraos y la Laguna Altera, que es la que está más al norte y como su propio nombre indica es la más alta de las siete; quedarán para otra ocasión. Una vez saciados y descansados comenzamos el camino de vuelta por el mismo itinerario por el que hemos venido, no antes sin repostar agua en un fresco manantial de la Laguna Hondera.

Laguna Hondera

Laguna del Borreguil

Laguna de Tajos Coloraos

Laguna de la Loma Culo de Perro

Conviene reseñar que la Laguna Hondera tiene, vista desde alguna de sus perspectivas, forma de perro, por cuyo “culo” sale el rebosadero de la laguna, de ahí el nombre que recibe el arroyo que serpentea valle abajo, el río Culo de Perro.


Laguna Hondera

La vuelta se hace muy pesada, el cansancio, la dureza del terreno, la ganas de llegar y por supuesto el refrigerio que nos espera al final del camino hacen casi interminable el regreso…y es que Trevelez está lejos de todos los sitios…

Finalmente agradecer a la gente con la que he compartido el trayecto, a Pablo, Nuria, Basilio, Tania y Lukas que han hecho de la jornada una ruta de montañismo inolvidable y maravillosa, a pesar de su dureza. Gracias.



Nace La Huella de Perro...

Huella de Perro es un blog que no pretende más que contar, explicar, describir, ilustrar, algunas de las actividades que realizamos un grupo de amigos. Montañismo, bicicleta (Mountain Bike y carretera), escalada, esquí de travesía... son algunas de las disciplinas que practicamos, nunca de forma competitiva, nunca con la obsesión de superar a nadie, ni siquiera a nosotros mismos, pero eso sí, siempre con la máxima de disfrutar con lo que hacemos, disfrutar del entorno, de la compañía, del ver, del conocer, del aprender.


El líder de la manada

Pero...¿Por qué Huella de Perro?
Como iréis viendo en las sucesivas crónicas, los perros, nuestro perrac@s, son en la mayoría de nuestras salidas acompañantes imprescindibles, incluso me atrevería a decir que muchas veces son la excusa para salir a dar un paseo y que estiren las patas, solamente con ver las alforjas ya explota su impaciencia y ansiedad. Ellos siempre delante, sin perder de vista a sus dueños, pero siempre, abriendo la huella.