lunes, 19 de diciembre de 2011

El Morrón del Mediodía.


Dicen que a la tercera va la vencida, y de vez en cuando se cumple. Dos veces intentamos el año pasado la ascensión al Morrón del Mediodía, y dos veces no nos dejó subir; una mala elección del itinerario, las malas condiciones de la nieve, falta de experiencia quizás... la cuestión es que se resistió.
Pero hoy, diez de Diciembre de 2011; de una vez por todas, por la ruta conocida como “la de los Morrones”, hemos hollado la tan ansiada cima. En esta ocasión el grupo es más reducido, Tania, Lukas y yo lo formamos, suficientes para la desafiante empresa que nos espera. La mañana está nubosa, incluso amenazante de lluvia, aunque las predicciones meteorológicas anuncian que el día clareará.
Salimos desde El Puerto de la Ragua donde está La Estación Recreativa, se encuentra a 2.000 metros de altitud, y está a caballo entre las provincias de Granada y Almería. Puerto este de montaña que comunica la Comarca del Marquesado del Zenete con las Alpujarras, dejando a un lado el Chullo (2.608 m.), pico más alto de la provincia vecina. A esta cota todavía no hay nieve, solamente alguna mancha cobijada detrás del algún agracejo o algún enebro.
Nada más cruzar la carretera, cincuenta metros más adelante, comenzamos a subir pegados a los pinos que tenemos a nuestra izquierda. Esta parte del recorrido se hace dura y pesada, comienzas a caminar todavía frío, agarrotado del viaje, y junto al fuerte desnivel, provoca que las piernas no respondan como uno quisiera. Con una marcha constante comenzamos a coger altura, en el primer kilómetro y medio subimos 375 metros de desnivel, por aquí aparecen las primera nieves, una fina capa que ni siquiera cubre los piornos.
En algo menos de una hora alcanzamos la cumbre del primero de los Morrones, el Morrón del Hornillo (2.375 m.), desde aquí si miramos hacia abajo podemos ver toda la Estación, además de una magnífica panorámica del Chullo y del Barranco del Granizo.


Subiendo el Morrón del Hornillo.


Coronando el Hornillo.

El Chullo, con el Barranco del Granizo.

Continuamos caminando por la cuerda hasta el pie de una empinada y maravillosa ladera, aquí la nieve es más abundante, toda la ladera está segmentada por placas de hielo, lo que nos obliga a colocarnos los crampones, éstos cumplen perfectamente su función, la sensación de caminar sobre el hielo y quedarte adherido a él resulta difícil de explicar. Pero de los tres que formamos el grupo hay uno que no tiene crampones, aunque tiene garras, la nieve está demasiado dura, provocando que deslice y no pueda impulsarse para subir, por tanto, hay que echarle una mano y ayudarle hasta la parte final de la subida.



Subiendo la Este del Sanjuanero.


Placas de hielo.


Terminando de subir el Morrón Sanjuanero.
Al final de esta pendiente loma, se encuentra la cima del segundo de los Morrones que vamos a subir, el Morrón Sanjuanero (2.614 m.). Desde aquí ya divisamos toda la Cuerda de Fuente Fría, es una cresta por la que resulta más cómodo caminar, tiene muy poco desnivel y, aunque está un poco más cargada de nieve sigue estando muy dura y no resulta difícil transitar sobre ella. La única dificultad que tiene son un par de mojones de rocas que hay que bordearlos quedando un poco más expuesto a la cara norte, más escarpada y helada.
Una vez pasada la cuerda nos queda subir la última ladera, más tendida que la anterior, y con menos nieve. Mientras ascendemos, dejamos a nuestra derecha los Tajos del Realejo que adornan junto con el Corredor Central la cara norte del Morrón. La parte final apenas tiene nieve, al igual que toda la cara sur, está demasiado expuesta.


En la cima del Sanjuanero.


Cuerda de Fuente Fría.
Tajos del Realejo.
Finalmente alcanzamos la cima del Morrón del Mediodía (2.756 m.), las vistas desde aquí son maravillosas, el Alto de San Juan, El Picón de Jeres con el circo del Alhorí, El Puntal de Vacares, la Alcazaba o el Mulhacén, son algunos de picos de los que se puede disfrutar. También son maravillosas la vistas que hay de toda la altiplanicie del Marquesado del Zenete, tierras que en su día pertenecieron a Don Rodrigo de de Mendoza, Marqués de Zenete y del cual la comarca ha heredado el nombre. Pueblos como Aldeire, La Calahorra, Ferreira o Alquife se puede avistar desde aquí. Las vistas hacia el Sur también son esplendidas, la Sierra de Gador y el mar son algunos ejemplos.


En la Cumbre del Morrón del Mediodía.


Al fondo Alcazaba, Mulhacén y Picón de Jeres entre otros.


Tania y Lukas disfrutando de las vistas.


El Picón de Jeres con el Circo del Alhorí.


El Marquesado del Zenete.
Después de disfrutar de la satisfacción de hacer cumbre, además del premio de las esplendidas vistas, comenzamos el descenso. Lo hacemos por el mismo itinerario de la subida; bajamos el Mediodía, atravesamos la Cuerda de Fuente Fría, subimos el Sanjuanero y lo bajamos por su pendiente cara Este. Una vez abajo en lugar de pasar por el Hornillo, nos desviamos hacia la izquierda, atravesando la parte alta de Los Cirilos y bajando directos a la Estación por la caja del Barranco de Maja Caco.
Si hacemos balance, no ha sido una ruta que destaque por su dureza ni tampoco excesivamente larga, unos 10,5 kilómetros aproximadamente y algo más de 4 horas de duración, tampoco demasiado exigente, a excepción de los 800 metros de desnivel acumulado que se suben y de algunas placas de hielo que requerían tomar las precauciones pertinentes.
Como epílogo, decir, que a pesar de que hemos necesitado tres intentos para subir este pico, no nos vamos con la sensación de haber vencido a la montaña, sino todo lo contrario, agradecidos de que esta vez nos haya permitido ascender hasta lo más alto.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Cortijo del Hornillo desde el Collado del Diablo.

26 de Noviembre del 2.011, un día magnífico. Las predicciones meteorológicas así lo habían vaticinado, un cielo azul, nada de nubosidad y un sol radiante, son el aval que el día nos ofrece para que la travesía de esta jornada sea satisfactoria.
Una vez más Sierra Nevada es el entorno elegido para desarrollar el trayecto, y una vez más Pablo, Nuria, Tania, Lukas y yo, somos los integrantes del grupo. El Cortijo del Hornillo será nuestro destino, y el Collado del Diablo nuestro punto de partida.
Subimos por la carretera de la Sierra desde Granada, dejamos Pradollano a nuestra derecha tomando dirección hacia la Hoya de la Mora, después del cruce del Puerto de las Sabinas y pasado el Albergue Militar, un kilometro más adelante aproximadamente, tenemos un ensanche a la derecha de la carretera donde podemos dejar los coches, y a la izquierda se abre una pista que tras caminar sobre ella unos cincuenta metros, nos lleva justo al Collado del Diablo.
Después de colgarnos las mochilas y abrigarnos correspondientemente, cruzamos la carretera y comenzamos a caminar por la pista, ascendente en los primeros metros y que al pasar el Collado del Diablo comienza a descender suavemente. Nos encontramos justo en la cota de nieve, 2.450 m. aproximadamente; Los Peñones de San Francisco, que dejamos a nuestra derecha, están nevados, y la pista por la que transitamos tiene algunas manchas de nieve, pero a medida que perdemos altura esta se va ausentando. Tras dos kilómetros desembocamos en el paraje conocido como los Campos de Otero, donde se encuentra el Refugio de San Francisco.
De este refugio, se dice que es el más antiguo de la Sierra. La particular forma de su techo abovedado rojizo, hace que se distinga e identifique desde cualquier punto del que se divise. Fue construido por una sociedad excursionista de Granada llamada “Diez Amigos Limited” en 1920, pioneros del esquí en Sierra Nevada . Se podría decir que fue la antesala de la actual estación de esquí.


En el Collado del Diablo antes de partir.



En la cota de nieve, con los Peñones de San Francisco al fondo.



Albergue de San Francisco.


La Alcazaba desde los Campos de Otero.

En los Campos de Otero tomamos un sendero ancho y bien marcado, para comenzar el descenso hasta el arroyo que baja por el Barranco de San Juan, durante este tramo si miramos hacia arriba podemos ver el Albergue Militar de la Hoya de la Mora y el antiguo observatorio astronómico ya en ruinas del Mojón del Trigo. La parte final tiene mucha pendiente, con una constante caída muy pronunciada a nuestra izquierda, hay que andar con cuidado por esta zona. Un poco más adelante desembocamos justo en el cauce del río San Juan, no baja muy caudaloso y no tenemos ningún problema en atravesarlo, aunque tiene un pequeño puente de madera, no necesitamos utilizarlo.


Albergue Militar Hoya de la Mora.



Bajando al Barranco de San Juan.

Ahora nos tocará remontar un pequeño repecho que nos conduce a la Acequia de Hoyo Puente. El sendero que seguimos transita paralelo a esta, es más, en alguna parte es difícil diferenciar si estás caminado sobre la senda o sobre la propia acequia. Atravesamos toda la media ladera de la Loma de San Juan para llegar hasta el Collado de las Sabinillas, desde aquí tenemos muy cerca el Puntal de Haza Mesa o de La Morra, el cual decidimos no hollar, y seguir el camino hacia el Cortijo del Hornillo.
Unos cuantos cientos de metros después de pasar el collado, la senda comienza a no ser tan clara, hasta que termina prácticamente por desaparecer, pero para entonces ya hemos atravesado las Cazoletas y divisamos el Mulhacén y la Alcazaba. Esto era algo con lo que contábamos, esta ruta la habíamos preparado previamente y sabíamos que una parte del sendero no estaba marcado y lo tenemos que hacer campo a través.
Decidimos parar en un pequeño balcón para disfrutar de las imponentes caras norte que la panorámica nos ofrece. Desde el Cerro de los Machos(3.329 m.) hasta la Atalaya(3.235m.); Juego de Bolos (3.019 m.), Puntal de la Caldera (3.223 m.), Mulhacén (3.382 m.), El Puntal de Siete Lagunas (3.244 m.), El Puntal del Goterón (3.067 m.), Puntal de Vacares (3.136 m.)..., pero en lo que todos coincidimos es, en el que más destaca por su belleza, La Alcazaba (3.371 m.). Su forma piramidal casi perfecta adornado por su Vasar; quinta cumbre más alta de la península y tercera de la cordillera, tras el Mulhacén y el Veleta.
Desde aquí vemos justo debajo el Cortijo de Hornillo. Simplemente nos dejamos caer ladera abajo para llegar a este lugar idílico, mágico, rodeado de un espectacular robledal , uno de los pocos de Sierra Nevada, aunque estéticamente no desprenda su máximo esplendor, ya que en esta época del año no tienen apenas hojas. También son muy comunes en esta zona los majuelos y los agracejos, los cuales aparecen asociados con algunos escaramujos formando espinares que se diseminan por toda la ladera.


Puntal de Vacares, Alcazaba, Mulhacén, Puntal de la Caldera y Juego de Bolos.



Alcazaba y Mulhacén.

El final de la primera parte de nuestro trayecto finaliza aquí, en el Cortijo del Hornillo, que todavía mantiene en alguno de los barracones la techumbre de paja. Algunos de ellos están restaurados y acondicionados con literas, chimeneas y estufas, sirviendo como refugio a trabajadores de conservación del monte, pastores y por supuesto montañeros. Este es el lugar perfecto para hacer la parada de rigor y almorzar, la pequeña era que hay en medio de la cortijada es la elegida para ello, disfrutando de las maravillosas vistas de las caras norte espolvoreadas de nieve y del tintineo tímido del hilo de agua de fuentecilla que hay allí, y que todavía no está helada.


El Cortijo del Hornillo.



Barracón para el ganado.


Interior de los barracones.


Fuente del Hornillo.

A la vuelta se nos presentan varias posibilidades para hacer el camino, la primera como es lógico volver por el mismo sitio por el que habíamos venido, otra posibilidad era bajar hasta el Cortijo de Cabañas Viejas por el sendero que normalmente es utilizado para acceder al Hornillo desde Güejar Sierra, o la tercera y elegida, que fue volver campo a través subiendo algo más de 200 metros de desnivel, entre sabinas y enebros, hasta llegar al paraje conocido como Haza Mesa y allí tomar el sendero que transita paralelo a la acequia del mismo nombre. Por aquí rodeamos el puntal de La Morra. El sendero es más tendido y cómodo, conduciéndonos nuevamente al río San Juan, un poco más abajo de donde nos lo habíamos tropezado antes. Tendremos que subir unos metros hasta volver al puente de madera. Este trozo de la senda en muy bonito y umbrío, el río baja retorciéndose y despeñándose entre las rocas y en los recovecos donde se estanca el cauce, el agua ya está congelada y seguirá así hasta la primavera.


Acequia de Haza Mesa.


Aguas del San Juan.


Río San Juan.


El Agua al congelarse adquiere caprichosas formas.


Estalactitas de hielo.

Durante todo el camino, pero sobre todo a la vuelta, pudimos disfrutar de unas acompañantes de excepción: la cabra montés (Capra pyrenaica); las hembras, que a pesar de estar en celo en esta época del año están siempre vigilantes y atentas; los machos, ahora más pendientes de su harén, distraídos, son vulnerables y fáciles de observar.


Rebaño de hembras.



Macho montés.

Una vez cruzado el barranco de San Juan nos queda una dura subida hasta el Refugio de San Francisco, aunque no es tarde, el sol ya está bajo, y los Peñones de San Francisco impiden que nos de directamente, esto hace que la temperatura baje hasta los 3 grados aproximadamente y que tengamos que ponernos ropa de abrigo para afrontar la parte final del camino.
Finalmente llegamos al punto de partida sobre las cinco de la tarde, la ruta ha sido preciosa, ver el Mulhacén y la Alcazaba desde un mirador natural y un entorno tan maravilloso como el Cortijo del Hornillo bien merece la pena.


domingo, 20 de noviembre de 2011

Vertiente Occidental de la Arista del Cartujo



Domingo 13 de Noviembre. Hemos quedado para hacer nuestra primera incursión de la temporada en la nieve; esta vez el grupo está formado por Tania, Manu, Santi, Aitor y yo, y por supuesto Lukas y Nanuk.
El punto de partida es una vez más la Hoya de la Mora, aquí dejamos los coches y terminamos de equiparnos, gorros, gafas, polainas, guantes, son colocados y ajustados momentos antes del comienzo de la ruta, y buena falta nos hacen ya que en las primera horas, el día amanece con un cielo cubierto, con nubes altas y de color gris plomizo, dando la sensación de que en cualquier momento va a empezar a nevar. También corre un fuerte viento, molesto, que hace que la sensación térmica sea todavía de más frío.

El grupo equipado antes de partir


Detalle del cielo gris plomizo.

Comenzamos a caminar por la antigua carretera que sube hasta el Veleta para, unos minutos más tarde desviarnos por el carril que sale a la derecha hacia Borreguiles; la estación todavía no está abierta y por tanto no tendremos ningún problema al atravesar las pistas, la nieve está pisada por las máquinas, eso facilita el caminar por esta zona.
Desde borreguiles nos dirigimos hacia el Collado de la Laguna, el majestuoso Veleta al frente, con el Zayas perfectamente marcado a lo largo de toda la ladera. Dejamos a nuestra derecha la Loma de Dílar coronada por el Observatorio Astronómico y por el Radiotelescopio del IRAM (Instituto de Radio Astronomía Milimétrica) que tiene más de 30 metros de diámetro.


Borreguiles, con el radiotelescopio al fondo.


El Veleta cicatrizado por el Zayas.

Una vez en el collado podemos ver toda la panorámica que de izquierda a derecha es como sigue, Los Tajos de la Virgen (3.228 m.), el Fraile de Capileira seguido del Elorrieta (3.197 m.) y el Tozal del Cartujo (3.152 m.) con su imponente arista al fondo; después descendemos un poco para encajonarnos en la cabecera del Río Dílar donde el agua que baja y que todavía no está helada se abre paso entre la nieve.
Luego atravesamos los Prados Virgen de la Ermita, pasando por debajo de la Laguna de las Yeguas y los Lagunillos de la Virgen, enfrentándonos al Tozuelo del Fraile y así desembocar en el Lagunillo Misterio. Durante esta parte del trayecto, el terreno se convierte en un rompe piernas, con continuas subidas y bajadas y con la nieve virgen pero no fresca, muy porosa haciendo que en cada paso te hundas más de treinta centímetros y obligándonos a ir en fila de a uno siguiendo la huella marcada por el primero.
Rodeamos los crestones de la arista, y unos metros más adelante, ya avistamos la Laguna del Carnero (2.674 m.) a los pies de la vertiente occidental del Cartujo. La idea primigenia era hollar la cima del Cartujo pero una serie de circunstancias añadidas a no tener muy claro por donde afrontar la subida hacen que decidamos parar a comer y a volver por el mismo itinerario.
Los Tajos de la Virgen.


Elorrieta primero y Cartujo al fondo.

Itinerario seguido.


Bordeando la arista.


Calzándole a Lukas sus manoplas.

En el trayecto de vuelta decidimos parar en el Lagunillo Misterioso (2.648 m.). Se dice que recibe este nombre porque desde las cumbres de Sierra Nevada es muy difícil divisarlo, únicamente se muestra visible desde las veredas que van desde los Tajos de la Virgen hasta el Cartujo. Se encuentra al pie del cascajar de los Torcales del Dílar, de donde brota un caudaloso nacimiento de agua que lo alimenta. De éste también se dice que tiene el honor de ser el de aguas más frías de toda Sierra Nevada.
Algo que habíamos ignorado a la ida y de lo que nos dimos cuenta de vuelta era que estaba totalmente helado, cubierto por una capa de hielo de unos 20 centímetros de espesor y por lo que por supuesto, no nos pudimos resistir a caminar sobre ella.


Foto de grupo sobre el lagunillo.


Caminando sobre las aguas heladas.


Comprobando el grosor de la capa de hielo.

Ya de vuelta en la Hoya de la Mora hacemos balance de la ruta, ha sido dura, 15.3 kilómetros, más de 7 horas de duración y con la nieve no en las mejores condiciones para la travesía.

sábado, 15 de octubre de 2011

Crónica de la Subida a Siete Lagunas

Hacía tiempo que Siete Lagunas era una ruta que teníamos como objetivo, pues bien, el pasado 17 de Septiembre al fin se cumplió, un largo recorrido de más de ocho horas y 22.5 kilómetros, con un desnivel de casi 1.600 metros por la cara Sur de Sierra Nevada.

Quedamos en Trevelez (1480 m.), llegamos desde Granada Tania, Lukas y yo, en la plaza que hay a la entrada del pueblo nos esperan nuestros compañeros de ruta, Pablo, Nuria y Basilio, este último es la primera vez que hace una salida de estas dimensiones, y se estrenará a lo grande…
Subimos al Barrio Medio donde dejamos los coches (hay aparcamientos públicos) ahí es donde comienza nuestro track. Salimos del pueblo por sus sinuosas y estrechas callejuelas, con sus paredes encaladas adornadas con hermosas gitanillas y coloridos geranios, no antes sin pasar por la “Panadería Federico” para comprar algún dulce como desayuno (todos los bares están cerrados) y dejar encargadas un par de hogazas para recoger a la vuelta. Más adelante, pasamos por el Ayuntamiento y por un precioso lavadero público que se conserva en perfecto estado.

Calles de Trevelez

Lavadero Público

Aprovechando el fresco de las primeras horas del día comenzamos a caminar. Los primeros kilómetros del sendero son empedrados y un poco incómodos, estos trascurren entre moreras, nogales y algunas higueras; muchos cercados de ganado, vacas, caballos, cabras, ovejas…y por supuesto pequeños cortijos de piedra de singular construcción, típica de las Alpujarras.
Tras más de una hora andando, el sendero se vuelve más pendiente, seco y polvoriento, zigzagueando bastante. Por aquí ganamos bastante altura, luego llaneamos un poco pasando por Acequia Gorda custodiada en ambos flancos por juncos, helechos y majuelos. Volvemos a encontrarnos otro repecho para ir rodeando La Cresta de Los Posteros hasta encontrarnos con una Era y un pequeño refugio de ganaderos, desde allí se extiende una pequeña llanura con pastos y pequeños riachuelos que la atraviesan, estamos en el paraje conocido como la Campichuela (2.400 m.). Aquí haremos un alto en camino para reponer fuerzas, beber agua y comer algo.

Acequia Gorda

Refugio de la Campichuela

Continuamos andado y poco después ya se avistan las Chorreras Negras, con el Mulhacén (3.482m.) y la Alcazaba (3.366m.) al fondo, más adelante nos topamos con el río Culo de Perro que baja encajonado en unos grande tajos y un viejo rebosadero; lo cruzamos y retomamos la vereda que nos lleva directamente al pie de las Chorreras, esta es una preciosa cascada por donde baja el agua que rebosa de las lagunas. Afrontamos la subida por la derecha de la chorrera, esta parte es muy dura, con bastante pendiente y mucha piedra suelta, no obstante, resulta el tramo más bonito del trayecto, el sonido del agua despeñándose y la belleza de ésta deslizándose sobre las rocas, harán que tengamos que parar cada diez pasos para intentar inmortalizar el momento con alguna instantánea.

Río Culo de Perro

Chorreras Negras

Justo al superar la chorrera nos encontramos con la primera de las lagunas y la más baja de ellas, Laguna Hondera, para mí la más bonita de todas, además de la que guardo una imagen idílica, de postal, rodeada de sus borreguiles que comienzan a tomar una tonalidad amarillenta, marchita, indicando el final del verano y anunciando la inminente llegada del otoño y con él las primeras nieves. En este paraje mirando hacia el Norte, tienes a la izquierda la Loma del Mulhacén, por la que se accede al pico del mismo nombre por la Cuerda del Resuello, después El Collado y el Puntal de Siete Lagunas, luego La Alcazaba y a su falda La Loma Culo de Perro; y en medio de todos ellos La Cañada de Siete Lagunas. Una vez allí nos damos un paseo para ver algunas de estas lagunas; Laguna Hondera, Laguna del Borreguil, Laguna de la Loma Culo de Perro y Laguna de Tajos Coloraos. Pero el cansancio y el hambre hacen que paremos a dar buena cuenta de las viandas que portamos, para ello, elegimos la Laguna de la Loma Culo de Perro, que está rodeada de un hermoso y cómodo borreguil. Nos quedan pendientes de ver El Lagunillo de Tanto, el Lagunillo de Tajos Coloraos y la Laguna Altera, que es la que está más al norte y como su propio nombre indica es la más alta de las siete; quedarán para otra ocasión. Una vez saciados y descansados comenzamos el camino de vuelta por el mismo itinerario por el que hemos venido, no antes sin repostar agua en un fresco manantial de la Laguna Hondera.

Laguna Hondera

Laguna del Borreguil

Laguna de Tajos Coloraos

Laguna de la Loma Culo de Perro

Conviene reseñar que la Laguna Hondera tiene, vista desde alguna de sus perspectivas, forma de perro, por cuyo “culo” sale el rebosadero de la laguna, de ahí el nombre que recibe el arroyo que serpentea valle abajo, el río Culo de Perro.


Laguna Hondera

La vuelta se hace muy pesada, el cansancio, la dureza del terreno, la ganas de llegar y por supuesto el refrigerio que nos espera al final del camino hacen casi interminable el regreso…y es que Trevelez está lejos de todos los sitios…

Finalmente agradecer a la gente con la que he compartido el trayecto, a Pablo, Nuria, Basilio, Tania y Lukas que han hecho de la jornada una ruta de montañismo inolvidable y maravillosa, a pesar de su dureza. Gracias.